Questa sono io...

...E queste sono le pagine di miei ch'io voglio mostrare al mondo. These are those thoughts coming from the inner me I want to share with whomever wants to. Celles-ci sont les pensées qui m'appartaient et que j'en veux partager avec le monde entier.

domingo 25 de mayo de 2008

El diario íntimo de Gata Flora McRandom (primer oleaje)

Mi nombre de soltera es Gata Flora McRandom y me considero una de esas mujeres que nunca están contentas con nada, empezando por el desgraciado de mi marido. No sé, pero algunos (pocos, lamentablemente) vinimos tan despiertos a esta vida, tenemos una lucidez que en cambio, a otros les falta... criterio les falta, que a Dios gracias, a mí me sobra, aunque más me valdría ser una negada porque así sufriría menos. Por ejemplo, querido diario, mi marido es un egoísta pocas luces que no me entiende. Los hombres son así, una les da lo mejor y ellos se toman el codo… si les distes la mano antes, claro, ahora si les distes más, se toman hasta la yugular… ¿Se escribe así yugular o es shugular? Bueno, no importa, pero sí, importa porque no puede ser que yo venga cansada todas las tardes de la oficina y el bolas tristes me espere con la casa dada vuelta, ¿será de Dios? No, de Dios no ha de ser porque a menos que tenga algo en mi contra y por eso me mandó al tilingo de marido que tengo, que encima de trabajar sólo cuando no le queda más remedio, me llenó la computadora de virus por visitar las páginas porno, desgraciado… al final, yo me deslomo en la oficina para que venga éste, que se debe creer que es Robert De Niro en su mejor momento… sí, creo que se cree que es De Niro y Pacino juntos. Má sí, que se vaya con la porno y me deje en paz, que lo mantenga ella. Hoy no quiero escribir más, querido diario, porque tengo unas ganas de reventarlo contra la pared, que si sigo dándome máquina, no llegamos a esta noche. Chau.

Querido Diario, se me ocurre que te voy a poner un nombre porque nadie se llama Diario a secas, bah, ni a secas ni a mojadas… al menos que te pusiera un apellido. Estoy pensando mientras escribo que tu nombre podría ser Diario Pereyra Iraola… ese me gusta porque es finoli... o Diario Fernández de K… no, mejor éste último no porque entonces, te echaría al tacho de basura icsofapto… te botaría en el zafacón, como dicen los dominicanos. Diario Bertolucci... Diario Harrison, en honor a George... Diario López, Diario Baranyai, Diario Squarciapietra.
No sé cómo quiero que te llames, en realidad, querido diario, no sé si quiero escribir un diario o sacarme de encima al tarado que me tocó en desgracia… ¿por qué no le habré hecho caso a mis tías que me decían que éste era un vago de cuarta? Lo que pasa es que una es débil… no mental sino de lo otro… me da un pudor decirte estas cosas, pero la carne tira. Yo quiero que ese demonio desaparezca de mi vista, de mi vida y principalmente de mi cama. No puede ser que coma galletitas, papas fritas, nachos, garrapiñada, pochoclo, maní con chocolate, palito, bombón heladoooo, todo en esa pobre cama que ya parece un nido de caranchos, que lo parió. Así, propiamente así como te lo digo, una no puede vivir. ¿Por qué no les habré hecho caso a mi manicura y a mi pedicura también… las dos me decían: - Gata, no te casés con el Edmundo que te va a hacer la vida imposible… sobre todo la manicura me decía:

- Todos shevamos un cafiolo en potencia, ¿me entendés, Gata? No despertés al cafiolo que el Edmundo sheva dentro. Vas a despertar a la bestia propiamente.


Esa mujer fue una iluminada porque la bestia se despertó y no solamente que me bajó los caballos de troya y los gusanos de Internet con tanta página porno mañana, tarde y noche, sino que me llenó la cama de papas fritas, pochoclos, miguitas, migajas y finalmente… pulgas. El Edmundo me crió pulgas de tanto estar mirando el techo como el Krishnamurti, que no sé si se escribirá así pero parece que estaba bastante al dope, aunque no quiero ser ignorante. Mejor, le voy a preguntar a la pedicura que seguro sabe, si no, a la peluquera que la vez pasada me contó que la Legrand dijo en un almuerzo, que ella es rubia por fuera y por dentro. Yo me pregunto si será una virtud o viniendo de donde viene… un defecto. Me quedé con la duda, Brian. ¡¡¡Ya está!!! Querido Diario, desde hoy te llamarás Brian, que se dice Bráian porque me lo dijo la esposa del almacenero que estudia inglés en el centro de jubilados.


Querido Brian,
No sé por qué te puse Brian. Siento como si estuviera hablando con un actor de cine y no con un amigo, como si hablara con Brad Pitt de cuerpo presente, pero en inglés no porque no sé. Tendría que ir a las clases del centro de jubilados con la esposa del almacenero... Por ahí, Brad Pitt habla español y me escucharía, querido Brian. Yo estoy para un Brad Pitt y no para el zoquete que me tocó. En realidad, no tengo tiempo ahora de cambiarte el nombre, o sí, tengo tiempo pero no me lo pienso tomar para ponerte un nombre, tampoco la pavada… al fin y al cabo, si sos mi diario, sos querido Diario y chau, bah, no sé.
El troglodita de mi marido salió con los amigos. Menos mal porque así me dio tiempo para limpiar un poco la pieza y cambiar las sábanas, que (Dios me perdone) estaban roñosas. Ya va a ver cuando vuelva, la que le espera… le voy a decir de todo y le voy a entregar un balde, un cepillo y lo voy a poner a limpiar la casa hasta que quede reluciente. También me voy a acostar con el primero que se me cruce en el camino… sí, eso es lo que voy a hacer. Y me voy a hacer un curso de baile en el caño, la pole dance, ya va a ver lo que se pierde... y después voy a dar cursos de pole dance y me voy a hacer famosa ¿Vos no laburás, Edmundo? No comés. ¿Vos me ensuciás todo? Me limpiás. ¿Vos me desatendés? Yo me busco un sodero, un barrendero, un testigo de Jehová que toque a mi puerta un domingo por la mañana y de repente, me enamoro del testigo de Jehová y puedo terminar mis días con los testigos que son mejor gente que vos, degenerado, que me llenaste la computadora de gusanos cibernéticos y ahora yo no puedo chatear con la Tere, con la Chiche y con la Yoly… ni con Rolando… ¿ves, querido diario, perdón, querido Brian? Si me hubiera quedado con el Rolando… ése sí que se buscó un porvenir. Por lo menos era limpito, y seguro que lo sigue siendo... porque lo que es el Edmundo, me dan ganas de echarle acaroína… no sé ni cómo lo aguanté tantos años. El Rolando es otra cosa: él sabe vivir a lo grande, pasó de la verdulería al puesto en el Mercado Central y tiene un montón de empleados… en cambio el Edmundo, querido Brian, el Edmundo me pone los pelos de punta, los que me quedan porque del disgusto… se me está cayendo todo.

No te siento Brian… mejor te voy a decir “Querido Diario”.


martes 20 de mayo de 2008

Lavinia y el príncipe encantado

El único poder de Lavinia residía en su caudal de pasión. Ella sabía que persiguiendo y expresando los verdaderos deseos de su corazón sin disfrazarlos, honraba su espíritu y ensanchaba su capacidad de amar, de apasionarse en el hallazgo de lo genuino, en generar belleza; y para que todo eso pudiera manifestarse de modo pleno, había que saber estar en paz con ella misma: un corazón dedicado a la causa del amor y no del odio; ésa era su consigna y su marca de agua.
¿Su secreto? Mirarse al espejo y decirse: - No soy una víctima y no necesito ser rescatada. Mi regalo es mi disponibilidad emocional y mi devoción… que hoy son de él…


Los dibujos son algunos más de El holandés errante, que en principio no pensaba publicar aquí pero guardan relación estrecha con el relato y con el video de Dire Straits.


WHY WORRY - DIRE STRAITS

lunes 12 de mayo de 2008

Manual del alumno aplicado "Questa sono io"

Este blog cumplirá tres años en agosto, y tantas letras vertidas aquí en todo este tiempo, se han metido en recovecos muchas veces difíciles de encontrar (inhallables hasta para mí que soy la morocha de esta pulpería).
Aunque en la columna de la derecha están las etiquetas que con algún criterio clasificatorio alguna vez puse, y si bien está el índice intitulado “Esperando a Godot” que cronológicamente puede guiar hacia una lectura más o menos confortable… se me ocurrió elegir hoy ciertas cosas que escribí en esta última etapa de mi vida, esas letras que me dejaron saciada y reconfortada porque ya sean buenas, malas o regulares, hablan de mí y van ayudando a conformar mi historia.

Porque tengo algunos lectores nuevos, pensé en ofrecerles un no tan pequeño sino mediano tour por las aguas de Questa sono io… para eso, les dejo los links hacia ciertas historias.
De paso, les presento estos dibujos que hice con pastel al óleo.

TRILOGÍA ISÓSCELES-ESCALENO-EQUILÁTERO
- Isósceles
- Escaleno
- Equilátero
BERNABÉ Y LOS OTROS
EXPERIMENTO ORGASM
HISTORIAS BREVES EN DISTINTOS IDIOMAS
- Camille, Gregor Samsa, Mulholland Drive et tant de choses

jueves 1 de mayo de 2008

D e l i r i o... (relaciones peligrosas)

La farolera tropezó y en la calle se cayó,
y al pasar por un cuartel,
se enamoró de un coronel...

Aserrín aserrán, los maderos de San Juan,
piden pan, no les dan,
piden queso y les dan un hueso,
y les cortan el pescuezo...

Mambrú se fue a la guerra,
Chiribín, chiribín, chin chin
Mambrú se fue a la guerra,
no sé cuándo vendrá,
ajajá, ajajá... no sé cuando vendrá.
(si se fue a la guerra, no sé qué tanto ajajá)

Arroz con leche, me quiero casar,
con una señorita de San Nicolás,
que sepa coser, que sepa bordar,
que sepa abrir la puerta para ir a jugar.

La farolera de San Nicolás tropezó con los maderos de San Juan, en alguna oportunidad que salió de su San Nicolás natal. Se enamoró de un coronel, de un cuartel que no quedaba ni en San Nicolás ni en San Juan, sino en los pagos de Mambrú, que como de todos modos estaba en la guerra, nunca se enteró del paso de la pobre desgraciada que habiendo tropezado primero al pasar por un cuartel y después con los maderos de San Juan, ya tenía las rodillas hechas pelota. Pobre mina, qué destino... encima, enamorada inútilmente de un coronel despiadado, se topa con la señorita de San Nicolás que tenía fama de Gata Flora, y así volvía loco al citado coronel, a todo el cuartel, a los trabajadores de la maderera de San Juan que comían queso, y a los pobladores del pueblo del pobre de Mambrú, que como si fuera poco que tuvo que partir a la guerra, algún neurótico acompañó su ida a la vida beligerante con un "ajajá, ajajá".

La farolera come arroz con leche y se quiere casar con el coronel, que detesta dicho postre.
La señorita de San Nicolás atrae al coronel deseado por la farolera, pero su amor imposible es Mambrú, que no se sabe si volverá para la Pascua o para Navidad (la cuestión está en que vuelva. Mientras no le queda otra que chupar huesos porque le niegan el queso... ojalá no le corten el pescuezo).

El coronel enloquece y aprende a coser, bordar y abrir la puerta para ir a jugar.
Los maderos de San Juan van a parar al cuartel para empalizar al coronel que resulta ser quien mandó a Mambrú a la guerra, siendo causante así de la desesperación sexual de la señorita de San Nicolás y de las rodillas impresentables de la farolera.

"La farolera tropezó, y al coronel decapitó,
y al pasar por los maderos, se le cayeron sus dineros...
Arroz con leche yo quiero matar
a una señorita de San Nicolás,
no sabe coser, ni sabe bordar,
se pasa el día entero en histeriquear.
Mambrú se fue a la guerra,
no sé cuándo vendrá,
no come pan ni queso,
sólo un hueso a chupar,
ajajá, ajajá,
sólo un hueso a chupar".



viernes 25 de abril de 2008

París era una fiesta... (pero esto no)


Eleuteria Yakamoto Leguizamón era hija de una campesina entrerriana y de un japonés que yendo con determinación a Chile, se bajó en Ezeiza por equivocación.Hasta después de tres años, el nipón no se dio cuenta de su equívoco. Pero un día, una persona compasiva le dio la información correcta y el pobre Hiroshi Yakamoto Taylor, (su madre era inglesa) se desmayó en plena calle Florida. En ese instante entendió por qué nadie había ido a esperarlo tres años antes al aeropuerto, por qué nada se parecía a lo que le habían dicho, y entre otras cosas… por qué ninguna persona tenía un pololo o una polola.

Ya era tarde para Hiroshi Yakamoto Taylor. Estaba encariñado con estas tierras, digamos que había acostumbrado la vista al anchor de la Argentina, por lo que la angostura de Chile le habría valido un mareo. Se imaginó haciendo equilibrio de costelete en la cordillera y tuvo un panic attack. Así fue pues como decidió quedarse en la Argentina e iniciar una nueva vida, esta vez sabiendo en dónde estaba realmente.

Consiguió trabajo en una fábrica de medio pelo situada en Villa Lynch, en donde se hacían las versiones truchas de los tanques de gas para los coches.

Un día, lo mandaron en un camioncito a Nogoyá, Gualeguay, Villaguay, Victoria y Hernández, llevando el cargamento de los tubos de gas truchos, y al ver pasar a la que en un futuro sería la madre de Eleuteria Yakamoto Leguizamón… sucumbió a los encantos delanteros de la muchacha y se olvidó de los tubos y del gas. No entregó nada, se quedó con el camioncito, con la tracción delantera de la buena moza y con todo lo demás que no viene a cuento.

El cabello de Eleuteria era fuerte y rudo, grueso y tenaz, como su carácter. Su pelo no era por completo negro porque la madre de Hiroshi Yakamoto Taylor (la inglesa que en realidad era a su vez half-Scottish), era pelirroja con pecas. Así, nuestra entrerriana tenía un matiz rojizo en su negror capilar, el cuerpo de la madre, la fisonomía nipona y una leve influencia British en la manera de decir: - Oh! (que suena “Óu”, y se dice con el cuello erguido y mucha distinción).


Hiroshi y Simona hacían el amor desproporcionadamente entre los yuyos y no les importaba nada ni nadie. Eran el uno para la otra y se revolcaban sobre los sembradíos, rompiendo muchas veces las plántulas que tímidamente acariciaban la superficie de la tierra húmeda como su sexo.

Los tubos de gas truchos habían quedado de adorno, cual esculturas férreas apostadas por Hiroshi con un criterio de ruina celta: Parecía un sitio de culto y solamente faltaba el muérdago sagrado… pero como no había muérdago en los campos de Entre Ríos, Simona ayudó al hombre y entre los dos, enredaron unas hiedras en un roble que se erguía frente a las esculturas nacidas en una fábrica no declarada de Villa Lynch.
Stonehenge… un poroto, señores.

Eleuteria andaba con su cabello suelto por la vida, y era feliz en su mundo. Ella veía a través de la piel de las personas y sabía si estaban bien o mal, sanas o enfermas, si decían la verdad o contaban mentiras.
Sus padres, el japonés y la entrerriana, eran muy simples... como Papageno y Papagena de La flauta mágica; sin embargo, la hija era una médium y habitaba una zona de la existencia que sus mayores no conocerían jamás ni por asomo.

La hija llevaba consigo el conocimiento de generaciones, y su belleza era impresionante. Si bien la madre era una morena suculenta, no dejaba de ser una mujer corriente y nada más.
El japonés se parecía a Toshiro Mifune, aunque tenía un pequeño touch Taylor que había heredado de la madre. Era más o menos como el hijo de Madama Butterfly.

Eleuteria había sacado la belleza de sus padres aumentada cien veces, potenciada por el vigor híbrido, y el color de su voz era extremadamente cálido.

Una mañana de principios de Julio de 2007, Hiroshi Yakamoto Taylor y su Simona Leguizamón, se levantaron como siempre para comenzar el día y notaron que Eleuteria brillaba por su ausencia. Entonces, la buscaron por todas partes y con horror, notaron que las esculturas de tubos de gas ya tampoco estaban.

Eso no era posible, aunque desafortunadamente sí lo era, ya que no había allí nada más que el roble, aquel roble ornamentado como para la ópera Norma.

Los padres desesperaron, cada cual en su estilo. Simona gritaba como una loca; en realidad ella estaba loca desde siempre, desde la cuna, pero el japonés la había calmado un poco con la meditación y el sexo entre los pastizales.
Hiroshi se entregó entonces a su mirada hacia adentro y no expresó más que un OooooooHHHHHHHHHHHHHH ronco aunque audible, estilo Kabuki.

Simona gritaba ahora con todo su ser y corría en camisón, sin corpiño ni bombacha, sacudiendo su intimidad en los campos entrerrianos.
Corría y corría bramando y zarandeando los motivos por los que el japonés había dejado de entregar los tubos de gas aquella vez hace tanto.

Simona corrió tanto que dio la vuelta al mundo, y llegó al punto de partida, en donde su marido paciente la esperaba con dignidad oriental.

La bella Eleuteria se había desintegrado. Ella era hija del gas que respiró el japonés dentro del camioncito cuando iba desde Villa Lynch, provincia de Buenos Aires, hasta Entre Ríos.

Eleuteria estaba hecha del gas de los tubos truchos, y con la última emanación, se había evaporado ella también. Como era gaseosa, podía penetrar la piel de la gente y conocer sus pensamientos. Como era volátil, se voló.

A la mañana siguiente, ni Simona ni Hiroshi recordaban nada de lo sucedido. Salieron al campo como si nada, y apisonaron la tierra allí en donde previamente estaban los tubos…

FIN