Mi nombre de soltera es Gata Flora McRandom y me considero una de esas mujeres que nunca están contentas con nada, empezando por el desgraciado de mi marido. No sé, pero algunos (pocos, lamentablemente) vinimos tan despiertos a esta vida, tenemos una lucidez que en cambio, a otros les falta... criterio les falta, que a Dios gracias, a mí me sobra, aunque más me valdría ser una negada porque así sufriría menos. Por ejemplo, querido diario, mi marido es un egoísta pocas luces que no me entiende. Los hombres son así, una les da lo mejor y ellos se toman el codo… si les distes la mano antes, claro, ahora si les distes más, se toman hasta la yugular… ¿Se escribe así yugular o es shugular? Bueno, no importa, pero sí, importa porque no puede ser que yo venga cansada todas las tardes de la oficina y el bolas tristes me espere con la casa dada vuelta, ¿será de Dios? No, de Dios no ha de ser porque a menos que tenga algo en mi contra y por eso me mandó al tilingo de marido que tengo, que encima de trabajar sólo cuando no le queda más remedio, me llenó la computadora de virus por visitar las páginas porno, desgraciado… al final, yo me deslomo en la oficina para que venga éste, que se debe creer que es Robert De Niro en su mejor momento… sí, creo que se cree que es De Niro y Pacino juntos. Má sí, que se vaya con la porno y me deje en paz, que lo mantenga ella. Hoy no quiero escribir más, querido diario, porque tengo unas ganas de reventarlo contra la pared, que si sigo dándome máquina, no llegamos a esta noche. Chau.…
Querido Diario, se me ocurre que te voy a poner un nombre porque nadie se llama Diario a secas, bah, ni a secas ni a mojadas… al menos que te pusiera un apellido. Estoy pensando mientras escribo que tu nombre podría ser Diario Pereyra Iraola… ese me gusta porque es finoli... o Diario Fernández de K… no, mejor éste último no porque entonces, te echaría al tacho de basura icsofapto… te botaría en el zafacón, como dicen los dominicanos. Diario Bertolucci... Diario Harrison, en honor a George... Diario López, Diario Baranyai, Diario Squarciapietra. No sé cómo quiero que te llames, en realidad, querido diario, no sé si quiero escribir un diario o sacarme de encima al tarado que me tocó en desgracia… ¿por qué no le habré hecho caso a mis tías que me decían que éste era un vago de cuarta? Lo que pasa es que una es débil… no mental sino de lo otro… me da un pudor decirte estas cosas, pero la carne tira. Yo quiero que ese demonio desaparezca de mi vista, de mi vida y principalmente de mi cama. No puede ser que coma galletitas, papas fritas, nachos, garrapiñada, pochoclo, maní con chocolate, palito, bombón heladoooo, todo en esa pobre cama que ya parece un nido de caranchos, que lo parió. Así, propiamente así como te lo digo, una no puede vivir. ¿Por qué no les habré hecho caso a mi manicura y a mi pedicura también… las dos me decían: - Gata, no te casés con el Edmundo que te va a hacer la vida imposible… sobre todo la manicura me decía:
- Todos shevamos un cafiolo en potencia, ¿me entendés, Gata? No despertés al cafiolo que el Edmundo sheva dentro. Vas a despertar a la bestia propiamente.
Esa mujer fue una iluminada porque la bestia se despertó y no solamente que me bajó los caballos de troya y los gusanos de Internet con tanta página porno mañana, tarde y noche, sino que me llenó la cama de papas fritas, pochoclos, miguitas, migajas y finalmente… pulgas. El Edmundo me crió pulgas de tanto estar mirando el techo como el Krishnamurti, que no sé si se escribirá así pero parece que estaba bastante al dope, aunque no quiero ser ignorante. Mejor, le voy a preguntar a la pedicura que seguro sabe, si no, a la peluquera que la vez pasada me contó que la Legrand dijo en un almuerzo, que ella es rubia por fuera y por dentro. Yo me pregunto si será una virtud o viniendo de donde viene… un defecto. Me quedé con la duda, Brian. ¡¡¡Ya está!!! Querido Diario, desde hoy te llamarás Brian, que se dice Bráian porque me lo dijo la esposa del almacenero que estudia inglés en el centro de jubilados.
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Querido Brian,No sé por qué te puse Brian. Siento como si estuviera hablando con un actor de cine y no con un amigo, como si hablara con Brad Pitt de cuerpo presente, pero en inglés no porque no sé. Tendría que ir a las clases del centro de jubilados con la esposa del almacenero... Por ahí, Brad Pitt habla español y me escucharía, querido Brian. Yo estoy para un Brad Pitt y no para el zoquete que me tocó. En realidad, no tengo tiempo ahora de cambiarte el nombre, o sí, tengo tiempo pero no me lo pienso tomar para ponerte un nombre, tampoco la pavada… al fin y al cabo, si sos mi diario, sos querido Diario y chau, bah, no sé.
El troglodita de mi marido salió con los amigos. Menos mal porque así me dio tiempo para limpiar un poco la pieza y cambiar las sábanas, que (Dios me perdone) estaban roñosas. Ya va a ver cuando vuelva, la que le espera… le voy a decir de todo y le voy a entregar un balde, un cepillo y lo voy a poner a limpiar la casa hasta que quede reluciente. También me voy a acostar con el primero que se me cruce en el camino… sí, eso es lo que voy a hacer. Y me voy a hacer un curso de baile en el caño, la pole dance, ya va a ver lo que se pierde... y después voy a dar cursos de pole dance y me voy a hacer famosa ¿Vos no laburás, Edmundo? No comés. ¿Vos me ensuciás todo? Me limpiás. ¿Vos me desatendés? Yo me busco un sodero, un barrendero, un testigo de Jehová que toque a mi puerta un domingo por la mañana y de repente, me enamoro del testigo de Jehová y puedo terminar mis días con los testigos que son mejor gente que vos, degenerado, que me llenaste la computadora de gusanos cibernéticos y ahora yo no puedo chatear con la Tere, con la Chiche y con la Yoly… ni con Rolando… ¿ves, querido diario, perdón, querido Brian? Si me hubiera quedado con el Rolando… ése sí que se buscó un porvenir. Por lo menos era limpito, y seguro que lo sigue siendo... porque lo que es el Edmundo, me dan ganas de echarle acaroína… no sé ni cómo lo aguanté tantos años. El Rolando es otra cosa: él sabe vivir a lo grande, pasó de la verdulería al puesto en el Mercado Central y tiene un montón de empleados… en cambio el Edmundo, querido Brian, el Edmundo me pone los pelos de punta, los que me quedan porque del disgusto… se me está cayendo todo.
No te siento Brian… mejor te voy a decir “Querido Diario”.



















